“La mujer es como el pensamiento: libre”

Cuesta mucho ser auténtica, y en estas cosas no hay que ser rácana, porque una es más auténtica cuanto más se parece a lo que ha soñado de sí misma
LaGrado – personaje de Pedro Almodóvar

Jhon Lindarte

lindartejhon@gmail.com

Desiree Pérez ahorita, ahorita, está ocupada. Es que le llegó un cliente que se corta el pelo con ella desde hace más de veinte años. Es importante que Desiree lo afeite, porque con tantos años atendiéndolo, solo ella sabe cómo le gusta el corte: alto arriba y bajito abajo. Además, ella le echa su talquito y le peina con cuidado sus cabellos canosos.

Lo trata como si fuera un príncipe. Lo saluda con un abrazo y un beso y le pide que se siente en su trono de cuero frente a un espejo ovalado. “¿Cómo tás Adolfito?”, le pregunta Desiré forrándole los hombros con una tela protectora. “Bueno ahí, ¿y tú?”, inquiere el anciano viéndola a los ojos a través del cristal. “¡Chévere, vale…!”, responde la peluquera.

Mientras ella poda la cabeza de su viejo amigo, la peluquería se llena de cuchicheos provenientes de las bocas de sus compañeras, amigas y de su jefa.

-Muy alegre… muy positiva –dice la señora Haydeé Vargas, la dueña de la peluquería Villa Hayderen, de la parroquia Altagracia de Caracas donde trabaja  Desiree-. Nunca me ha traído problemas, al contrario, se la pasa riéndose feliz.

-¿Esa? ¡Já! Esa es una coño e’ ma… ¡No vale, ella es tremenda personaaaaa! Ha sido una madre para mí… los consejos que no me ha dado mi familia me los ha dado ella… Ella a mí me adora y yo la adoro muchísimo a ella –suelta sonriente María Hernández, una de las  peluqueras.

-Es buena amiga, buena persona, una compañera excelente –comienza a decir la manicurista Bisset Hurtado.

-Sí, sí, ella es muy profesional –retoma Bisset-. También trabaja muy bien.

-¡Demasiado bien!- repite María.

-Hasta ahora ella no tiene problemas con nadie –dice Bisset-, y aquí en la peluquería menos. En la calle quizás la critiquen pero…

-¡Aquí no aceptamos eso! –vuelve a meterse María-. ¿Cómo te lo explico? Aquí hay gente que quiere venir a hablar cosas de su forma de ser, pero nada que ver, yo prefiero estar con personas como ella, que son educadas, a estar con personas como nosotros, por así decirlo…

-Sí… sí… ella se ha ganado el respeto de todos –finaliza Bisset.

La dueña del negocio, Haydeé, se acomoda en el sofá donde está sentada. Hace unos meses se cayó y tiene su brazo derecho enyesado. Como puede se incorpora a la conversación y agrega con la voz bajita:

-Ella se la lleva bien con todos, los clientes la adoran, porque es una mujer muy feliz. Ojalá hubiera más gente así en el mundo. –dice, y traga saliva-. Pero sí… las personas la tratan con mucho cariño, lo que pasa es que hay gente que piensa que ella es una mujer…

Volver a nacer

El señor Adolfo ya tiene su corte de cabello como a él le gusta. Se levanta de la silla y le paga a Desiree por su trabajo. También le da propina, un beso en la mejilla  y la promesa de volver en un mes para que le vuelva a cortar el pelo.

La peluquera se recoge el cabello y con su mano se abanica aire para calmar el calor. “Perdón, mi amor, hoy ha sido un día lleno”, dice al aproximarse.

Ahora, tan de cerca, se puede entender lo que dice Haydeé de que la gente “piensa que es una mujer”. Es que lo es: tiene su cabello largo rizado,  un rostro pequeño  maquillado sutilmente. Sus labios están pintados y sus uñas esmaltadas. Además, su cuerpo dice “fémina” por todos lados. ¿Si eso no es mujer, entonces qué lo es?

Desiree sí es una mujer, pero tiene un título más largo: es una mujer transgénero, es decir, nació biológicamente hombre pero psíquica y emocionalmente siempre fue hembra. Hoy saca un tiempito dentro de su labor como estilista para recordar el pasado. Tiene mucho tiempo sin hablar de ella cuando era “él”.
“Se podría decir que nací dos veces. Desiree vino a raíz de un accidente automovilístico”, comienza a relatar.

Desiree nació hace casi cincuenta años en el poblado de Cabimas, estado Zulia. Cuando vino al mundo le dieron un nombre de varón como a todos los niños.  De ese nombre Desiree solo confiesa un dato: empezaba por la letra  “A”.

Así que “A” creció y se desarrolló en aquel pueblo petrolero del Occidente venezolano escuchando de boca de su familia y vecinos frases intolerantes hacia las personas con preferencia sexuales diferentes a la heterosexual. Él no entendía por qué los demás pensaban y decían esas cosas, incluso, no comprendía qué sucedía en él mismo ¿por qué no era como los demás?, se preguntaba siempre y, al no tener respuesta,  prefirió callar y fingir ser como cualquier otro chico.

Sin embargo, algunos  sentimientos afloraron dentro de “A” con el pasar de la niñez a la adolescencia. No eran las niñas las que lo sonrojaban, ni eran los carritos ni los deportes lo que le apasionaba. Le gustaban otras cosas, actividades que, en una sociedad culturalmente conservadora sobre la sexualidad, eran vistas como “raras”, “extrañas”, o de “maricones”. Le gustaba peinar cabellos, y los utensilios relacionados con el mundo de la estética.

“A” trató de mantener el secreto durante muchos años, pero sin así quererlo comenzó a desarrollar actitudes afeminadas, a dar respuestas con acentos femeninos y hasta a asumir comportamientos propios de las chicas. Su familia y vecinos notaban que algo estaba “mal” y no tardaron en señalarlo.

Sin importar las críticas “A” fue un buen alumno en el colegio y en bachillerato, incluso llegó a la universidad a estudiar Ingeniería, pero no terminó la carrera. Antes, un acontecimiento cambió su forma de ver el mundo, la vida y a sí mismo.

“Lo recuerdo como si fuera hoy”, dice Desiree. “Allá en el Zulia la gente es muy alegre y un grupo decidimos irnos el 6 de enero, día de reyes, a seguir compartiendo en otro lugar. En el vehículo, el que conducía había bebido y estaba ebrio, y cuando íbamos por la autopista Lara-Zulia,  chocamos con volcamiento”.

Cuando el automóvil se impactó, “A” perdió el conocimiento por la gravedad de los golpes que recibió. Recobró la razón una vez que despertó en el hospital al que lo habían trasladado. “Yo no recuerdo los detalles del accidente, lo único que sé es que desperté en el hospital con dislocación de cadera, fracturas, suturas y varios dientes que se me partieron”, recuerda a más de treinta años del incidente.

En aquel acontecimiento falleció una amiga de “A”. Enterarse de esa noticia fue un vuelco, una sacudida. Fue allí donde se dio cuenta que solo tenía una vida y tenía que vivirla de la forma en que se sintiera acorde consigo misma. Luego de recuperarse, y con tan solo 17 años, habló con su madre diciéndole dos cosas: la primera, que no era heterosexual, y la segunda, que se iba para Caracas a trabajar.

De corazón fuerte

“Esa es la historia. No digo mi nombre porque no me identifico con él. Ese nombre lo eligieron por mí”, dice Desiree, sentada en uno de los muebles de la peluquería.

“Siempre me preguntan que de donde saqué el nombre de Desiree. Bueno, al principio quería algo con “A”, porque todas las trans eligen su nombre con la inicial de su nombre anterior. Pensé que podía ser “Ariagny”, pero de la noche a la mañana decidí que fuera “Desiree”, sin saber que significaba tantas cosas bonitas: como deseo en inglés”, comenta la peluquera, ahora comiendo un trozo de chocolate.

Para esta estilista, la vida le dio la oportunidad de reivindicarse luego del accidente. Fue ese acontecimiento el último empujón para aceptarse tal cual era. “Yo antes era introvertida, muy introvertida. Hasta que cambié. Mi fortaleza la he conseguido por los golpes que me ha dado la vida, y yo he aprendido de esos golpes”.

La experiencia de Desiree, a juicio de la psicóloga clínica Virginia Álvarez, es un ejemplo de resiliencia, unacaracterística descrita en las teorías positivistas de la psicología como la capacidad humana de sobreponerse a las adversidades y crecer positivamente aprovechando las oportunidades y fortalezas individuales.

Desiree alega que gracias a su fortaleza y convicción no llegó al mundo de la prostitución. Dice que al arribar a Caracas fue difícil, sobre todo porque aún mantenía su cuerpo con rasgos meramente masculinos. “Una de las cosas que me acomplejaban eran mis pezones, pero luego con hormonas empezaron a crecer, cosa que fue muy vergonzosa para mí, porque me sentía como a las niñas cuando les está creciendo el pecho”.

Álvarez precisa que Desiree se convirtió en una mujer resiliente al no dejarse amilanar  por las presiones sociales y las pocas oportunidades. “No cayó en el mundo de la prostitución, de haberlo hecho no sería resiliente, porque no puedes aceptarte como mujer y luego auto agredirte exponiéndote al trabajo sexual. Ella se reconoció como mujer  y al reconocerse lo hizo completamente, respetándose y buscando sus oportunidades desde sus fortalezas”, comenta.

La experta agrega que las personas como Desiree, se convierten en espejos de resiliencia para otras personas en el momento en que no se resignan ante las dificultades, sino que buscan la manera de sobresalir a través de su fuerza interna. “Nadie puede medir quién es más resiliente que otro, cada caso debe objetarse desde su propia vara. Pero quienes experimentan la resiliencia lo hacen apuntando a su felicidad, eso es una constante”, propone la psicóloga.

Desiree dice ser feliz. Sus amigas trans acuden frecuentemente a ella en busca de consejos. Ella les dice que nunca se deben dejar oprimir  por los deseos de un hombre o de la sociedad, sino que busquen sus metas a través del estudio y el conocimiento. “Ellas pensaban que cuando estaban con un hombre tenían que tratarlo como un rey y ellas ser las mujeres sumisas. Yo les decía que hombre y mujer era una postura, pero ni en la cama había desigualdades, allí todos somos iguales”, refiere Desiree, quien vivió con un hombre por más once años.

Para esta estilista, las apariencias físicas son importantes hasta cierto punto. A diferencia de varias de sus amigas, Desiree es transgénero y no transexual, los primeros son aquellos que han modificado parte de su anatomía para adaptarlo a su identidad de género, mientras que los segundos son hombres o mujeres que han cambiado su sexo biológico a través de intervenciones quirúrgicas.

Con identidad sexual, pero sin identidad legal
A Desiree esas cifras le alarman. Ella es amiga de muchas trans que se dedican a la prostitución y sabe de los riesgos que corren día a día. “Ellas no lo hacen porque quieren. Muchas de ellas han sido excluidas de trabajos formales por ser como son. Se ven obligadas a trabajar de esa manera para suplir una necesidad económica”, dice.            Las trans no son muy aceptadas en Venezuela. De hecho, la comunidad de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Transexuales e Intersexuales (Lgbti) han evidenciado ataques de odio en diversas ocasiones. Entre los denunciantes se encuentra la organización Venezuela Diversa, queexpuso el 27 de marzo de 2015 ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos(Cidh), que desde 2009  hasta la fecha en el país se produjeron 99 crímenes de odio por orientación sexual: 46 asesinatos con características como el degollamiento, impactos de balas, golpizas, ahogamiento, quemaduras y hasta arrojamientos desde las alturas. Los 56 casos restantes se tipificaron como “agresiones” que iban desde la tortura física hasta la amenaza verbal. Muchos de estos ataques y homicidios, según la ONG, fueron ocasionados por uniformados pertenecientes a los cuerpos policiales.

Edgar Baptista, coordinador nacionalde ProInclusión  del partido  Voluntad Popular, es amigo de Desiree y activista por los derechos Lgbti. Él dice que ella es un “caso atípico” y un “ejemplo a seguir” entre las trans. “La fortaleza de Desiree radica en el asumir y reconocer su identidad de género ante toda la sociedad a pesar de las consecuencias negativas que pudo haber traído con su familia, amigos y trabajos. Ella se convirtió en una especie de madre para todas las trans. Tiene un sentimiento maternal de cuidar a las chicas que se dedican al trabajo sexual, ella las protege”, describe.

Para Baptista aún hay mucho por hacer en materia de derechos para las personas sexo diversas en Venezuela. Hasta la fecha no existe una ley de protección a la población Lgbti, los trans no tienen la oportunidad de cambiar su género en documentos legales, y tampoco pueden contraer matrimonio ni obtener bienes mancomunados.

Desiree y el resto de las trans se aferran a los artículos 19, 20 y 21 de la Constitución, apartados que defienden los derechos humanos en todas las personas por igual, sin distingo de raza, sexo o religión. “Mi sueño es que podamos avanzar en nuestros derechos. No me gustan las injusticias. Yo soy de las que da la pelea en el activismo, como decimos en criollo: no me dejo montar la pata, pero no soy una trasgresora, no, yo me muevo por lo justo, por los derechos humanos y por la defensa de nuestra vida”, afirma Desiree.

Aunque Desiree persigue la justicia y tiene fe en que algún día llegará, Tamara Adrián, transexual, abogada,docente  y ante todo defensora de losderechos Lgbti, no ve con tanto optimismo el panorama venezolano en materia de derechos igualitarios. “Somos el país más atrasado en toda la región. Aquí no ha habido signos de darle dignidad a las personas trans. Tanto es así que ni siquiera hemos podido avanzar en un tema tan básico como es el derecho a la identidad, un requisito indispensable para ejercer la ciudadanía, porque sin ese documento no puedes abrir una cuenta bancaría, inscribirte en una institución o acudir a un hospital. ¿Cómo tramitas esos requisitos si tu apariencia física difiere de tu nombre legal?”, inquiere la abogada.

Para Tamara Adrián, quien también se encuentra en una especie de estancamiento legal por su reasignación de sexo, repite que en comparación con otras naciones de América Latina Venezuela está atrasada “por cualquier ángulo que se le mire” en materia de derechos de la comunidad sexo diversa. “Es tan importante  el tema de la identidad que en otros países como Argentina, México, Colombia, Uruguay y ahora Chile, tienen reconocimiento a la identidad con otorgamiento de una nueva partida de nacimiento sin necesidad de operaciones genitales, solo con la declaración de la persona. En cambio en Venezuela, no hemos avanzado, tanto es así que ni siquiera aceptan las solicitudes de cambio de identidad en los registros: el año pasado se hizo una campaña para que veinte personas trans fueran simultáneamente a entregar los papeles de petición de cambio de identidad, y ni siquiera les aceptaron las peticiones”, denuncia la activista.

Desiree, sin perder nunca la esperanza, también se suma a Tamara Adrián, e irguiéndose como un soldado dice: “Ahora con estas compras por cedulación ha sido terrible para nosotras las trans. Cuando entregamos las cédulas y nuestros nombres masculinos difieren de nuestro aspecto de mujer se arma todo un escándalo con las cajeras. ¡Es una situación humillante para nosotras!”, reclama Desiree quien alega haber sido acusada de  “estafadora” o “bachaquera” por intentar comprar con una supuesta cédula de hombre que no es ella.

Tamara Adrián dice que las trans dejarían de vivir estos atropellos  si en el país se honrara el artículo 146 dela Ley Orgánica del Registro Civil, apartado que permite la alternativa legal de cambio del nombre. “Lo que ocurre es que el Consejo Nacional Electoral, órgano rector del registro civil, ha dicho que ese artículo no aplica a personas trans, porque para ellos el término “género” significa nacer con vagina o pene, y nada más, cosa que es totalmente absurda a estas alturas”.

En opinión de Tamara y Desiree, el tema de la identidad es tan limitante para las trans, que muchas veces esto ocasiona que estas mujeres se dediquen al trabajo sexual como única forma de supervivencia. “Los estudios que hemos realizado diversas organizaciones pro Lgbti han demostrado que las personas trans están cuatro o cinco años por debajo del promedio en materia de educación, es decir, normalmente no culminan el bachillerato, y escasamente llegan a la universidad. No poseer leyes de protección y resguardo a nuestros derechos es también una de las razones causantes de tantas agresiones hacia nosotras las trans, solo este año ya han matado a nueve de nosotras”, reclama Tamara.

La puerta de la peluquería Villa Hayderen de Altagracia en Caracas se abre de nuevo. Una cliente pasa y mira a Desiree. Desde lejos le hace un gesto señalando su cabello. Desiree le sonríe y con la palma de su mano le indica que la espere unos minutos, que está ocupada contando su vida.

-Desiree, te buscan para que le cortes el pelo –dice Haydee, la dueña del negocio.

-Ya voy a terminar, Haydee, dame un momento –responde la peluquera-. Bueno sí… esa es mi historia. Nunca me han atacado en la calle, he tenido más suerte que mis amigas. Lo que pasa es que aquí la gente piensa que yo soy una señora como todas las demás, y lo soy, soy una mujer, una mujer trans.

Desiree se levanta. Sonriente abraza a su nueva clienta. Le pide que se siente y comienza a cortarle el cabello. Es importante que Desiree la atienda, porque tiene muchos años cortándole el pelo y solo ella sabe cómo le gusta. Desiree ahorita, ahorita, está ocupada.

Publicado el 4 de Octobre de 2015 por Jhon Lindarte

Ubicación: Caracas, Venezuela